¿De qué sirve recordar lo que me duele?

Es físicamente imposible almacenar toda la información recibida desde el día que nacimos hasta este instante. Estuvimos presente, lo vivimos y lo borramos, buscando así guardar solo lo más importante. Si esta guardado seguramente es un recuerdo importante, un recuerdo que te sirve aunque no sepas para que hoy. Y podemos recordar de dos formas, con emoción y sin emoción. Recuerdo con emoción: el famoso caso de “recordar es volver a vivir”, cuando el recuerdo viene con una fuerte carga emotiva que impregna el presente de esa sensación o ese sentimiento que quedo guardado junto con lo vivido. Al traer el evento a la memoria viene con todos los olores, sabores, colores con que lo vivimos y hasta sentimos que el tiempo no ha pasado. Esta clase de recuerdo si bien trae nostalgia hacia “lo pasado” es el mejor tipo de recuerdo! Es más vivido, casi casi real! Recuerdo sin emoción: tener noción de lo que te relatan, saber que sabes, ver las imágenes o percibir por algún otro sentido pero este estimulo no despierta ningún sentimiento, emoción o sensación. Nada. No importa si el evento fue placentero o trágico, no te hace sentir nada. Si no sentimos nada, no existe nada. El ser humano necesita de sentir, sentir amor, sentir dolor, pero sentir para registrar que algo esta ocurriendo. Cuando recordamos sin emoción, no conectamos con el recuerdo, no hay conexión con el pasado, no se puede establecer una paralelo, no sabemos que hacer con ese recuerdo.
En la patología llamada “trastorno de ira intermitente” la persona da rienda suelta a toda su ira con palabras, gritos, acciones violentas, agrede grave y profundamente a su entorno y pierde el concepto de categorías de vínculos, agrede con la misma violencia a un empelado que su pareja o hijos. Una vez acabado el brote de ira, el sujeto no recuerda nada. Se lo podemos contar pero el no genera emoción con este recuerdo por lo que le resulta imposible hacerse cargo de la violencia sacada hacia afuera. Estos sujetos van erosionando sus vínculos hasta quedarse solos. Y tristemente no hay medicación vinculada con esta patología, la ciencia apenas llego a describir el fenómeno, nada más. El recuerdo para que cumpla su cometido se debe presentar con alguna emoción. Aunque sea mala. Aunque su recuerdo nos lastime. Cuando una pareja se separa es muy necesario sentir al menos por dos años (promedio) que cada vez que recuerdo al otro “se me parte el corazón” porque si no sufro así, lo mas lógico es que vuelva a los brazos de esa infelicidad. ¡Nadie quiere sufrir! La memoria esta ahí para asegurarse de que no cometamos (en lo posible) el mismo error, demasiadas veces. No hace falta desarrollar una patología para tener problemas con el recuerdo y la emoción codificada en él. El cerebro humano rellena lo que no sabe o lo que no recuerda con fantasías y no son de las mejores fantasías, a veces, destructivos como somos, estas fantasías son horribles.
La buena noticia es que vos sos el dueño de tus fantasías, de tus recuerdos, hasta de tus olvidos. Con el método del desarrollo del potencial humano buscamos que estés en contacto lo más posible con estos procesos internos a fin de conocerte a vos mismo mejor que nadie.
Romina Geli//Psicóloga

La única muerte evitable: El suicidio

El suicida no comete el acto terrible porque sea fin de año, o porque un problema no tiene solución aparente, lo hace después de mucho cuestionamiento, de haber pasado por un terrible infierno por lo general solo y una vez decidido el plan (en qué día lo va a hacer de qué forma, como se va a despedir) es que se ve en él un estado de aparente felicidad, motivo por el cual el entorno suele decir “pero él anoche estaba súper bien”, tras pasar por la llamada “etapa visión túnel” donde la persona solo piensa, fantasea y desea la muerte. 

Este momento finaliza con el acto. De hecho aunque la persona reciba la ayuda correspondiente durante al menos 3 meses la idea seguirá firme en él, son momentos de mucho cuidado para quien sobrevivió un intento suicida.
Hay también distintos casos de suicidios o intentos de suicidio, está quien tiene la intención firme de llamar la atención de alguien dirigido o del entorno entero y por lo general éstos dejan notas, cartas o mensajes codificados. Ahora, hay que tener cuidado igual, porque la persona al usar este recurso quizás de forma codificada nos está contando lo desesperada que esta. Es decir la diferencia importa para el tratamiento, no para el entorno que debe darle mucha seriedad a este mensaje.
Esta quien tiene el deseo de matar una parte de sí mismo. Pilar una mujer española de 24 años había intentado matarse 6 veces, en el último caso se arrojó bajo un tren y quedo paralizada de la cintura para abajo tras años de tratamiento entendió “no quería matarme, quería matar a una parte de mí, por eso mi último intento fue perfecto, se murió la Pilar que un día fui, que odie, y hoy si puedo disfrutar de esta Pilar”. Como ven, es un problema muy complejo que hay que tomar muy en serio.
Es mentira que el suicida no avisa, ¡si avisa! Solo que avisa en códigos, con indirectas, así como los usuarios de drogas avisan que están abusando de ellas o como cualquiera que esconde un secreto por momentos lo deja ver a los demás.
Puede darse también el caso de quien pida por favor confidencialidad en su confesión sobre el deseo de morir, esta confidencialidad no es aconsejable sostenerla. Este es un acto de manipulación por parte del suicida, y quizás sea la única vez que hable del tema, por esto es que hay que romper esa confidencialidad y pedir ayuda. Es de esperar que el confesor sostenga la culpa de haber contado un secreto, pero en la vida todo tiene un límite, nunca tan claro.
Resumiendo:
  1. El suicida si avisa.
  2. No siempre se quiere matar a él mismo, sino una parte de él.
  3. Una vez entrada en la fase “visión de túnel” el problema se complica mucho.
  4. Una vez decidido el plan el suicida siente “felicidad” como un estado de “liberación”.
  5. No guardar confidencialidad sobre este tema.
Romina Geli//Psicóloga

Premios y castigos: la hora de ponerlos ¡es cuanto antes!

Los castigos son sanciones cuando alguien rompe una regla. Los premios sin embargo son regalías que alguien usufructua cuando hace algo por demás bien.
Parece simple ¿no? ¿Fácil? Entonces porque es hoy tan común oír a padres y madres decir cosas como: “si te portas bien y dejas de gritar te voy a llevar a comprar una hamburguesa con juguete”
El deber del niño es portarse bien y el deber de la madre o del padre es educar, dar las reglas, los límites de conducta para que este niño sepa muy bien cuando se porta bien y cuando se porta mal. Y sobretodo que romper esos límites trae consecuencias para ellos, no es un capricho irracional de los padres, sino que estos le quieren evitar malos ratos.
Un niño con límites claros, tiene un premio cuando no salió del límite entonces lo hizo mejor que usualmente. Así al menos debería ser. Porque un premio es una suma, no una resta.
En estos tiempos el castigo se ha vuelto una suma. Es decir, que si el niño hace lo mínimo que se le pide puede usar el play hasta la hora que se le dé la gana. Lo cual confunde y mucho, porque como hemos visto este “castigo” cae dentro de la definición de “premio”.
Por supuesto que si comentemos este error una o dos veces no hay problema, el problema surge cuando pasaron años y en lugar de “castigar” (restar) hemos “premiado” (sumado) y encima hemos cambiado los nombres de estas acciones. El problema surge cuando el niño creció con esta confusión y llega a la adolescencia creyendo que se merece el mundo por hacer lo mínimo.
Confundir premio con castigo es pan para hoy y hambre para mañana. Los seres humanos adquirimos limites antes de los 10 años, querer imponerlos en la adolescencia genera una situación a destiempo.
Los hermosos y angelicales niños se están preparando para ser los líderes de la sociedad futura. Es sensato que estos líderes sepan bien que es un premio y que es un castigo por el bien de ellos mismos, de sus padres y de la sociedad.
Romina Geli//Psicóloga

Padres separados, si … ¡peleados no!

Hay mucha preocupación porque los niños crezcan entre padres separados, padres que no vivan juntos, el no darle una familia a los hijos y que esto genere en ellos un trauma irremediable. Por sostener esta familia llegamos a vivir bajo condiciones agresivas, evasivas, insoportables.
Lo que en realidad un niño necesita son padres unidos, unidos en la forma de la crianza, en la metodología de los premios y de los castigos, en que ambos pares vayan para el mismo lugar.
Lo que genera traumas es la competencia entre padres, la compensación de uno con regalos sobre el mal trato del otro en forma de límites.
Los hijos no son jueces de la relación, no saben qué funcionó y qué no, no entienden quién es el culpable de la situación. Son pequeños seres humanos que aún están creciendo, formándose, y aunque a veces repiten palabras u oraciones muy complejas, siguen siendo niños en su formación física, emocional y social.
Si los padres se separan porque ya no son felices o porque deciden que es lo mejor para ellos y cada uno de estos respeta y hace respetar al otro ese niño crecerá en un ambiente de respeto.
Pero es muy común que tanto la madre hable mal del padre o que el padre haga incumplir la palabra de la madre, hasta llegan a decir cosas como “no le hagas caso” y esto se da en padres que viven bajo el mismo techo o padres que ya no viven juntos.
Lo importante para su hijo es ver modelos de adultos sanos, sin rencores, sin recriminaciones, sin competencia. Por esto separarse es buena opción si eso los lleva a ser una pareja sana de padres, en donde la mujer hace valer al padre que vive afuera. De nada sirve vivir todos bajo el mismo techo faltándose al respeto constantemente.
El conflicto entre los padres debe quedar en los adultos, caso contrario si están criando a un hijo con heridas emocionales complejas esto van a acompañarlo toda su vida.
Saná tus heridas pasadas, tu relación, tus emociones para ser una mejor guía para tu hijo.
Romina Geli//Psicóloga

Yo soy madre y padre: un grave error

Una amiga que quedó viuda muy joven me dijo con mucho dolor y superada por el estrés, “pasa que soy padre y madre”, una frase que me llamó poderosamente a reflexionar. Recordé que mi madre decía lo mismo, “yo soy padre y madre” con referencia a hacerse cargo sola de mi crianza y educación.
Sola con los pagos, los límites, los premios, los castigos ya que es la misma persona la que mima y la que castiga. Sola con las metas y las expectativas. Sola sí, pero “padre” ¡No!
Una mujer es “madre” y un hombre es “padre”. Sin adjetivos, luego se analizará qué tipo de madre o padre será uno, en esta entrega no quiero tocar ese tema, quiero ir por la asunción de un rol indebido como generar mucho dolor y estrés. Una madre que intenta con todas sus fuerzas ser padre, algo que no es, está destinada a fracasar, porque en ella, en su naturaleza esta el desarrollar la maternidad, y no la paternidad.
La cantidad de mujeres que crían a sus hijos solas en nuestra sociedad son madres solteras, y en ningún momento pueden considerarse madre y padre. Es como decir soy día y noche, soy frio y al mismo tiempo caliente. Es una madre intentado hacer lo mejor posible en la crianza de su hijo pero nunca un padre, porque la paternidad y la maternidad se devienen de los géneros.
Hay cosas o situaciones que a los hombres les sale con mucha facilidad y soltura. Hay otras que le sientan mejor a las mujeres y los niños que crecen sin uno de estos roles, crecen con la ausencia no con la sobrecompensación del padre presente, crecen con la ausencia del padre que no está. Así mamá haga de todo para ser un padre, quizás desde su punto de vista le sale bien, pero con los años, con la madurez su hijo le va a mostrar que sintió la ausencia de ese padre y que no hizo falta tratar de suplir lo que no está.
Intentá si, ser la mejor madre para tu hijo. Sola o en un matrimonio. Por vos y por tu hijo. Pero no te cargues con demás roles que nunca vas a poder cumplir. Es doloroso que un niño crezca sin padre, pero si esa es la verdad, es la verdad y lo más sano es seguir adelante con la verdad como bandera.
Romina Geli//Psicóloga

¡Nunca te acostumbres!

Al acostumbrarte corres el riesgo de sentir que todas tus circunstancias, las buenas y las malas, son “tu vida” o peor aún decir: ”soy mis circunstancias”.
Ningún ser humano es: “sus circunstancias”, las cosas que pasan son las que son tu energía, mi alma, mi psiquis.
Si te acostumbras llevas lo que te pasa hoy a nivel exponencial. Pregúntate si eso que te estresa, que te duele, que te hiere ¿es realmente de vida o muerte? Si eso que ahora mismo, puede modificar tu vida de una forma irreparable. Si toda tu vida o felicidad dependen de que te salga ese trabajo, de tu divorcio, de tu deuda. Sentir así es limitar el concepto de “vida” o “felicidad” a un trabajo o una situación sentimental o una situación financiera lo que sea que hoy te doblega.
Lo que pasa… pasa. Así como un día vino, se va. Porque lo que inicia esta condenado a terminar. Sea bueno o malo. La vida finaliza con la muerte.
Recuerdo la leyenda que un amigo me había contado, la de un rey que estaba pasando un mal momento debido a las guerras, entonces pidió intervención a un brujo y este le dió un anillo y le dijo que cuando vaya a perder la batalla, leyera la frase grabada dentro y cuando celebre su victoria también lo haga. La frase rezaba “esto también pasará”… así la derrota como la victoria.
Esquivate un poco de la realidad cotidiana de ganarse la vida, salí de la rutina. ¡No te acostumbres! Nunca te acostumbres, porque esto también pasará.
Si estas angustiado, sólo, perturbado, ocúpate e involucrate en una actividad y deja pasar el tiempo un poco.
Si estas enérgico, fuerte, aprovecha para ser feliz, graba lindos recuerdos en tu alma que te sirvan de fortaleza para los momentos malos de la vida. Porque otra vez esos recuerdos te conectan con que un día fuiste feliz, y que así como ese momento se fue, podes tener la certeza de que éste momento también pasará.
Romina Geli//Psicóloga

Límites y heridas de la infancia

Cuando nos volvemos padres, queremos compensar en la infancia de nuestro hijo todas las penas y dolores que pasamos nosotros en nuestra infancia. Si no tuve muñecas Barbies, trato de comprar muchas Barbies a mi hija, que dentro de todo ella no pidió, pero que luego reclamamos “yo te doy todas las cosas que vos queres”.
En realidad son las cosas que la mamá cree que su hija quiere y esto viene de suponer que todos somos igual, con más razón mi hija es igual a mi por ende quiere lo mismo que yo. Y no es así. Los hijos no son la oportunidad que da la vida para reparar la frustrada infancia. Los niños son seres humanos nuevos, sin dolores ni traumas… aún, por esto no hay nada que reparar en ellos.
Para no caer en este error habría que sanar las heridas de la infancia que todos tenemos, ya sea porque fue una infancia terrible, llena de dolor o por la interpretación que le dimos a lo que nos tocó vivir, lo cierto es que crecer duele, y los culpables de ese dolor suelen ser los padres. Dejar ir los dolores del pasado para mirar con nuevos y renovados ojos al presente ayuda a ser hoy mejor madre o padre.
Luego la culpa de pasar tantas horas fuera de casa, nos lleva a esa culpa que solemos compensar con regalos caros, y déjenme decirles, los niños chiquitos no saben de precios. Por lo general les gusta lo que hace más ruido o los de colores brillantes. Pero así se empieza, y cuando nos damos cuenta vemos a niñas de 10 años con facebook y smartphone “jugando” a ser mujeres; mujeres que están pendientes de las redes sociales.
Un niño necesita a nivel psicológico, dos cosas: amor y límites. Nada más; no necesita (salvo las excepciones) asesores, ni un plantel de profesionales que trabaje a su alrededor. Un niño necesita límites claros y precisos, bien definidos, para poder sentirse libre dentro de estos límites. Y amor…no hay que explicar al amor… ¡todos necesitamos amor!
Un niño con límites claros será un adulto sano e integrado, capaz de hacerse cargo de su vida sin ocuparse de la vida ajena, trabajar en problemas que no sos suyos, conocer bien sus intereses y metas y seguirlos hasta alcanzarlos.
Romina Geli//Psicóloga

MIA y ANA: ¡las princesas están en serios problemas!

Confieso que la moda de los “princesos” me causó gracia, entre tantas actividades doy clases de desarrollo del potencial humano para adolescentes, y el otro día para congraciar con mis alumnos, iniciamos un juego en el que los varones eran princesos, ellos explotaron de risa, sin embargo ellas quedaron mudas. Y esa rareza llamó mi atención.

Debido a eso decidí indagar sobre las princesas y navegando por la red descubro que se trata de un movimiento a nivel “tribu urbana” que descienden directamente de las “Ana y Mia”, las ANA son chicas entre 12 y 20 años con diagnóstico de ANOREXIA y las MIA son chicas de entre 12 y 20 años con diagnóstico de BULIMIA, por debajo de ellas están las “Pro Ana” y las “Pro Mia” que usan los métodos  sin estar tan enganchadas con la psicopatología, ya que, su psiquis no desarrolló “distorsión de la imagen”.

Las ANA y las Pro ANA se distinguen por una pulsera de cinta roja en la muñeca izquierda y las Pro Mia usan una pulsera de cinta violeta (lila) en la muñeca derecha.
Las princesas son las chicas de entre 12 y 20 años (estadísticamente) que simpatizan con las ANA y las MIAS y las Pro Ana y Pro Mia porque están convencidas de que para ser amadas deben ser extremadamente delgadas.

Me he topado con poemas y rezos a las diosas ANA y MIA que no me animo a retratar en este artículo  al leerlos se puede notar lo mucho que estas niñas sufren y sobre todo, lo espeluznante que es cuando fingen ser “normales”. Y más espantoso es que por tanta desatención del entorno (padres, docentes, amigos, adultos en general) ellas creen que nos engañan a todos, nos dicen lo que saben que queremos oír, fingen ser, fingen sentir. Lo grave de  fingir es que va  anestesiando el alma.

No crean todo lo que sus hijas, sus mujeres, sus princesas digan. Un acto vale más que un millón de palabras y todas las imágenes juntas.
Consejos:

1. Cuida y controla la dieta en tu casa, asegúrate viendo vos mismx cuando comen a tus hijas al menos una vez por día en una cantidad “normal”

2. Para engañar al hambre se ponen a limpiar la casa o cuidar a los hermanitos, sospecha de tanta generosidad.

3. Usen todos el mismo tamaño de plato.

4. Si tu princesa fuma tabaco…sospecha.

5. Tardar demasiado tiempo comiendo.

6. Muchas horas de gimnasia.


7. Atentx  al consumo desmedido de cafeína en café o coca zero.

8. Controla las páginas web a las que accede tu princesa, hay demasiada información peligrosa online.

9. Si eres  adulta y aún seguís luchando, decide vivir, ¡busca ayuda hoy mismo! ¡Conéctate con la vida, tu vida es hermosa y vos ya sos hermosa!

Los adolescentes sienten todo más, y van por la vida  sin el manual de acciones que ya tiene un adulto mayor de 30 años. Oímos a los niños hablar como adultos y pensamos que son grandes y no lo son. Son niños, son niñas ¡son princesas!

Romina Geli//Psicóloga

Confusión vocacional

Generalmente al concluir los estudios secundarios, el joven presenta cierta presión sumando que nuestra educación no forma para elegir, además tiene que hacerlo pensando en “eso lo voy a hacer el resto de mi vida” y pensar en eso siempre es perjudicial para el adolescente.
Un joven de 18 años aun no comprende que en la vida todo cambia, que nada es eterno. Esa es una lección que se aprende con el paso de los años. Entonces cuando se detienen con la frase “el resto de mi vida” para ellos es literal y lo agrandan ocasionándoles confusión, angustia, amargura.
En tanto los adultos con el trajín de la cotidiano e improvisando cada instante de nuestras vidas, olvidamos esa angustia y minimizamos el conflicto vocacional.
En otros casos los chicos no tienen elección, no dudan que van a ser como Mamá o Papá. Y deben entender que sólo en el cuestionamiento, en la duda, se encuentra la certeza y eso es propio de cada ser humano.
Empecemos a ordenar: hoy una licenciatura es un grado mínimo, básico, elemental. Hace 10 años ser licenciado o doctor era el final, hoy es el inicio de lo que recién en la década de los 30 empieza a querer ser. Un grado básico sirve para competencias básicas, recién la especialización, el másterado, y los post grados o la experiencia que se gane ayudan a crecer cada día. La formación, el tiempo, el roce diario es lo que ayuda a dar forma a la carrera, este dato es muy importante para los chicos de 18 años que desean ser contadores o abogados.
La angustia del adolescente se calma cuando algunos adultos de su entorno pasaron por esas elecciones felices y al mismo tiempo pudieron perderse en algún momento, confundirse y entendieron que está bien evaluar opciones, buscar dentro de uno, pero por un tiempo limitado. La confusión es sana, pero siempre con limite.
Un camino es buscar el asesoramiento de un profesional de la psicología que mediante un test y observación clínica pueda ayudar a echar luz sobre la sana confusión.
 Romina Geli//Psicóloga

El proceso de adaptación

Todos sabemos que una semilla necesita tiempo para que germine y en las condiciones adecuadas. Si se cumplen estos dos requisitos hay muchas más posibilidades de que la semilla dé sus mejores frutos.
De la misma forma que nos apuramos con esta semilla imaginaria, suele ocurrir cuando se acude a un psicólogo, se tiene una errada información sobre los mismos. Más de una vez me he sentido observada como una especie de “gurú-chaman” de mi tribu, y como si ejerciéramos magia nos piden “consejos para ser feliz”, quieren hacer pequeños cambios para ganar premios incalculables, como la salud, el amor, hasta la paz interior.
Les digo algo, no hay recetas. Y quien se las dé, está mintiendo. Por supuesto, es tu decisión quien te miente y quién no. Uno elige qué comprar. No hay recetas porque el cambio, el aprendizaje, el crecimiento personal es un proceso continuo de darse cuenta, por lo tanto se debe pensar. ¡No hay otra salida! Tengo que usar toda mi fuerza interior, mi coraje, mi amor propio, mi paciencia conmigo misma para poder entenderme, aceptarme, perdonarme y volver a intentar.
Si le damos tiempo y “condiciones adecuadas” a la semilla, lo que para nosotros es darnos tiempo, nuestro amor, paciencia, coraje, fuerza, entendimiento, ¿por qué no darnos tiempo a nosotros mismos?
Una semilla es un maravilloso ser de la naturaleza pero que en una escala evolutiva está muy por debajo de un ser humano, y mucho más por debajo de “mi vida”, entonces se puede proceder distinto.
¿Por qué no nos damos tiempo a nosotros?, ¿Por qué no confiamos en nosotros?, ¿Por qué no vivimos el proceso de creer para nosotros?, ¿Por qué cuesta tanto enfrentar nuestra vida?
Un psicólogo es un ser humano dedicado al crecimiento, sin miedo a los cambios y con miles de herramientas para la adaptación. Pero no esperes de él fórmulas ni recetas. Te va a invitar a pensar. Y eso… requiere de todo tu amor con el ser más grande que conoces… ¡vos!
 Romina Geli//Psicóloga

Estrategias para cambiar

Las metas deben ser realistas para ser alcanzadas. No es posible pasar de un sueldo mínimo a una cuenta bancaria fluida si tu esfuerzo es rutinario una y otra vez. No se puede cambiar la imagen en dos meses, las dietas rápidas generan efectos rebote. Simplemente no se puede, porque lo que fácil viene fácil se va, si no hay un trabajo interno que acompañe el cambio nada se sostiene, lo que vino fácil y sin esfuerzo, se va a ir como vino, fácil.
Tenemos un ejemplo cotidiano: una mujer está pensando en separarse de su pareja, habla con las amigas, llora, sufre, no siente nada, esta hastiada, todo su ser le grita que se vaya. Pero claro, estando en la zona de confort nos quedamos a hacer una y otra vez lo que ya sabemos hacer, aunque nos saque alegría, aunque nos duela o peor aún, aunque nos anestesie de la vida. Y al día siguiente está malhumorada, maltrata a sus hijos, a su entorno laboral, pierde la paciencia, se desahoga con las amigas hasta quedar sin saliva y por la noche está de nuevo haciendo la cena para el odioso marido.
No es real decir o pensar “lo voy a dejar”.  No es real cambiar de vida en horas.  El ser humano se acostumbra hasta a lo malo, te sorprendería tomar conciencia plena de todo lo que hacés por la costumbre, por sostener la “comodidad de lo conocido”.  Hacemos por ella cosas que ni en el nombre del amor hacemos.
Cambiar la rutina en 24 hs no sirve,  lo que si sirve es ser realista, podés empezar con pequeños pasos, “pasos de bebé” y con pequeñas metas cuya resolución dependen en un 100% de vos. Como tomar una clase de cocina y sostenerla por al menos un mes, tomar clases de baile, darle tiempo a la jardinería, buscar otro trabajo mejor remunerado o que te brinde mayor placer, empezar por las noches caminatas fáciles de 15 o 20 minutos en el patio o alrededor de la manzana. Cambia  “algo” que sólo dependa de vos.  Así de una manera “alternativa” vas a  estar separando o “´poniendo distancia”  de todo lo que para tu percepción es rutina y quién sabe qué efecto tendrá esa distancia en tu pareja.
Otro dato fundamental para un cambio real es  “limitar la ejecución del cambio” como sería : quiero cambiarme de trabajo  dentro de tres meses (fijar una fecha real y marcarla en la agenda o en la PC) y hacer algo cada día que acerque más y más a esta fecha.
Cambiar de golpe es la mejor forma de asegurarse un fracaso en el intento, no cambiar nunca mata lentamente.
¡Feliz cambio!

Romina Geli// Psicóloga

Sanar los vínculos para vivir mejor

Hace un tiempo una paciente me pregunto qué podía hacer para no ser como su mamá, me dio mucha ternura y le conteste que irremediablemente todas nos vamos a convertir en nuestra mamá. Por este motivo es fundamental sanar el vínculo con mamá, poder llegar a un estado de gratitud y desapego con la misma.
Una adulta madura y sana tiene sus sueños, sus propias metas y sabe en cada paso de su vida que no hace nada ni para agradar a mamá/papá ni para desagradar a mamá/papá. Una adulta sana se ha separado emocionalmente de mamá/papá para crear su propia vida.
Y esto no significa abandonar a los padres, todo lo contrario, significa crecer en el amor, en la libertad, en el compromiso que tiene cada adulto con ser feliz, en honrar la vida siendo feliz y agradecido por cada día.
Una persona que siente que tiene que hacer feliz a otra, sin darse cuenta, carga con un poder y un compromiso enorme, primero porque nadie puede hacer feliz a nadie porque la felicidad es un compromiso individual, porque la vida es dinámica, las cosas cambian, los sentimientos pasan.
Y por otro lado cargar con este poder significa que todo lo que uno decide tiene inferencia directa sobre el otro. Eso, para mal, o con carga energética mala, de poder.
Si no podemos equilibrar este vínculo con los padres, buscamos repetir el mismo sistema con la pareja, pidiendo lo imposible “haceme feliz”, o “dame todo lo que necesito”. Y eso, querida lectora, es imposible. Una sola persona no puede proveerte de todo lo que necesitas en la vida.
Y luego baja a los hijos repitiendo el ciclo una y otra vez. Padres dependientes emocionalmente de sus hijos que crean y crían hijos dependientes. Una cosa es honrar a los padres y otra muy distinta es vivir para darles el gusto.
El amor, el respeto, la tolerancia tan necesarias para la conexión con los otros empieza por una misma, empiezo por darme amor aunque siento que me porte mal y no lo merezco, me respeto yo misma por eso tomo decisiones sanas para mi vida como por ejemplo comer sanamente, me tolero a mí misma y acepto el hecho de que me voy a equivocar, y cuando pase será para aprender y no para castigarme.
Noto todo el daño que mi pasado me ha hecho y lo suelto, decido vivir libre de él y feliz. Escrito así suena hermoso, ¡un sueño!
Lamento decirte que este no es un trabajo fácil, no es una lección que se puede aprender de memoria, pero si es la mayor lección de tu vida.

Romina Geli// Psicóloga